1.- Introducción
-Se da una unión natural entre
sexualidad humana y procreación. Es la razón de ser del sexo y de la
diferenciación sexual en el hombre. Por eso se considera la esterilidad de los
esposos como un mal.
-Todos y cada uno de los actos de la
unión conyugal se orientan a la procreación, aunque no todos sean fecundos. Y,
de hecho, los actos aparentemente infértiles están al servicio de la fecundidad
del conjunto:
*Las "pausas"
en la fecundidad femenina cuando la mujer queda embarazada, evitan la muerte
del niño ya concebido (muerte que llegaría si fuesen muchos los óvulos
fecundados en muy cercanas cópulas).
*Los "fallos"
(periodos de infecundidad) en el ciclo menstrual consiguen asegurar la
viabilidad del nuevo ser concebido (que precisa una placenta desarrollada
para su anidación).
*También los
“obstáculos” que pone el óvulo para
ser fecundado (las capas que lo rodean y que dificultan la entrada del
espermatozoide) favorecen la fecundidad: sólo un espermatozoide conseguirá
fecundar, y ninguno más (por la membrana de fecundación que impide la entrada
de otros y que se forma alrededor del cigoto cuando un espermatozoide ha
superado los “obstáculos”).
-Si bien es cierto que el sexo es
también un medio para expresar el amor entre los esposos, el hecho de que pueda
haber uniones fecundas entre personas no movidas por el amor muestra que el uso
de la genitalidad se orienta primariamente a la procreación (en los
irracionales siempre es así, puesto que su “apareamiento” es una conducta
puramente instintiva). Pero el hombre debe amar.
2.- Métodos
anticonceptivos
a) Disocian violentamente los
dos aspectos que en la sexualidad humana se encuentran naturalmente unidos: el
aspecto unitivo y el procreativo. Y así actúan
contra la ley natural que rige la procreación humana. El acto conyugal privado
de alguno de esos dos aspectos artificialmente quedaría adulterado.
b) El uso de anticonceptivos convierte
a la propia persona y a la del cónyuge en objeto de goce y no en término del
amor. Porque el término del amor debe ser la persona íntegra y no
excluyendo algún aspecto esencial. Con los anticonceptivos, "el otro"
es modificado y, por tanto, no querido en sí mismo: se transforma en un simple
objeto de placer. Quizá el siguiente ejemplo pueda hacernos entender mejor por
qué los anticonceptivos modifican a la persona y la hacen incapaz de ser
querida en sí misma (es decir, como persona):
(...)
Un muchacho suele dialogar con su
novia mientras pasean por la calle...
Si salen al final de la tarde -ya
oscurecido- a ella le vienen a menudo recuerdos de su niñez, de sus padres (a
los que perdió hace años)... y se pone melancólica. Y él, en ocasiones, se
siente molesto cuando ella está tan melancólica...
Si quedan por la tarde y él exige
que no manifieste su melancolía bajo ningún concepto, podremos afirmar que el
muchacho ha quedado con su novia, pero no para dialogar (pues si a ella
le asalta la melancolía, no podrá manifestar lo que lleva en su alma): no
habrá diálogo porque ella está condicionada (podemos afirmar que ella “hará
teatro”).
Si quedan temprano -de día- el
resultado externo será igual: ella no manifestará su melancolía. Pero sí
habrá diálogo porque ella no está condicionada: no manifestará melancolía
porque no la tendrá.
En el ejemplo anterior, la
condición de no manifestar melancolía es como los anticonceptivos
(lo que modifica a la persona); el diálogo hace el papel del amor;
el día y la noche representan los periodos de fecundidad y de
infecundidad, respectivamente; y la melancolía son los hijos.
(...)
A veces se arguye contra esto
diciendo que el uso de anticonceptivos se da por mutuo acuerdo de los cónyuges,
es decir, consintiendo ambos en esa "modificación" artificial del
otro que trae consigo la infecundidad. Es cierto que puede haber mutuo acuerdo:
en ese caso un cónyuge querría al otro como simple objeto de placer (por eso lo
"transforma", no lo acepta como es) y sería querido de esa misma
forma por el otro cónyuge. Habría acuerdo pero no amor: nos encontraríamos con
un caso de egoísmo -amor de egoísmo- mutuo pero, ¡eso sí!, consensuado.
3.- Métodos naturales
a) Con estos métodos se conoce y se
acepta la naturaleza del otro tal como es.
b) El objeto del amor es, por lo
tanto, la persona íntegra. Ésta es querida por sí misma, sin
modificaciones que adulteren su personalidad.
c) Los métodos naturales exigen de
los cónyuges un diálogo continuo para que resulten eficaces. El favorecimiento del diálogo resulta un seguro de vida
para su matrimonio (es de todos conocido que la falta de
comunicación en el matrimonio se ha convertido en fuente de
desavenencias que degeneran en crisis y llegan a rupturas).
A veces, en el colmo de la
confusión, hay personas que hablan de “anticonceptivos naturales” para
referirse a estos métodos. -Los métodos naturales no son anti-nada
ya que no se realiza ninguna acción positiva para evitar algo. Así, afirmar que
el uso del matrimonio cuando la mujer no es fecunda es
“anticonceptivo-natural”, es como incluir la noche dentro de los
productos de protección solar -entre los que se encuentran cremas, gafas de
sol, etc.- (lo peor sería que, además, por ser un “producto”, nos vendieran horas
de noche en los comercios). Todos los anticonceptivos son artificiales (por
eso los citamos sólo como anticonceptivos y no como anticonceptivos
artificiales, de la misma forma que -cuando hablamos de los colores- no es
preciso referirse al negro-oscuro o al blanco-claro). Y es un contrasentido
hablar de anticonceptivos naturales (como lo sería hablar del color negro-claro
o del blanco-oscuro).
Evidentemente, ese respeto de la
naturaleza humana lleva consigo la aceptación de la voluntad de Dios, creador
de dicha naturaleza, que ha querido hacerla partícipe -en los padres- de su
poder creador en el comienzo de cada nueva vida humana (de ahí que haya que
respetar las leyes naturales de la sexualidad).
A menudo nos encontramos con personas
que dicen: "es que a mí ese comportamiento no me parece antinatural"
o "para mí eso está bien, aunque para ti pueda estar
mal". Estas afirmaciones son erróneas. Un ejemplo sencillo podrá ayudarnos
a entender mejor esto:
Un señor diseña un coche cuyo motor
utiliza gasolina sin plomo. En un alarde de imaginación, supongamos que el
coche es libre (aunque esto suene a Walt Disney), y que "decide" ahorrar dinero
consumiendo gasoil: se estropeará la máquina. También puede "decidir"
otras cosas cuyos efectos perjudiciales no serán tan inmediatos como los del
cambio de gasolina: ir en cuarta a 40 Km/h, no
cambiar nunca el aceite -"es que a mí me gusta así", dirá el coche-,
etc.: el resultado es que, más lentamente, también se perjudicará. El coche
puede "decidir" qué es lo que le parece mejor -si es libre-, pero al
haber sido diseñado por otro, hará bien en preguntarse -o en preguntarle a su
autor- cómo es su diseño, para así decidir inteligentemente qué es lo mejor
para él: podrá elegir libre e inteligentemente si le conviene ir a Madrid o a
Barcelona, pero se equivocará si decide consumir gasoil o actuar sin tener en
cuenta su diseño.
Cada uno de nosotros tiene una
naturaleza -la humana- de la que no es autor. Por esa naturaleza nos afectan
unas leyes que cumplimos de forma necesaria (leyes físicas, como cuerpos
físicos que somos; y leyes biológicas, como animales). Pero al ser hombres
gozamos de libertad. Hay cosas que -por ser hombres- nos convienen y cosas que
nos perjudican. Al ser libres podemos elegir las que nos perjudican, pero nunca
conseguir que sean buenas para nosotros (pues no somos nosotros quienes hemos
"diseñado" nuestra naturaleza).
De ahí que tengamos que esforzarnos
primero por descubrir cuál es la ley natural,
y después por vivir de acuerdo con esa ley (pues nadie en su sano juicio desea
perjudicarse). Dentro de esa ley habrá numerosos caminos para alcanzar la
felicidad que buscamos -igual que el coche del ejemplo podía "elegir"
entre ir a Barcelona, a Madrid, o a otro sitio-, pero fuera de esa ley no
podremos ser felices.
Otro ejemplo claro: la unión que
debe haber siempre entre el lenguaje y la verdad. Si alguien no tiene derecho a
saber una cosa, podré ocultársela o callar cuando me pregunte, pero nunca será
lícito mentir (porque la mentira pervierte el uso de la palabra). Ni siquiera
en el caso de que esa mentira se diga con el fin de evitar un mal mayor: un fin
bueno (por grande que sea) nunca justifica el uso de medios malos en sí.
De igual forma, la modificación artificial de uno o de ambos cónyuges en el
acto conyugal pervierte la naturaleza
del mismo e impide que esa unión sea cauce adecuado para manifestar el amor
entre los esposos.
4.- Condiciones para la
licitud de los métodos naturales
Deben existir graves circunstancias
(motivos proporcionados) para que sea lícito el recurso a los métodos naturales
de control de la natalidad:
a) El uso del matrimonio en días
infecundos, a sabiendas de que lo son, es lícito.
b) Pero un medio bueno puede ser
corrompido por un fin malo (por ejemplo, un vendedor de combustible haría mal
en vender varios bidones de gasóleo a alguien que los quiere para provocar un
incendio, aunque el hecho de vender combustible sea en sí mismo un acto bueno).
Así, recurrir al uso del matrimonio sólo en los días infecundos sin una
causa proporcionada (por ejemplo cuando se hace por el egoísmo de evitar las
"molestias" de nuevos hijos que, sin embargo, podrían ser sacados
adelante) sería ilícito.
c) En cambio, el fin no justifica
los medios. Y el fin loable de retrasar un nacimiento por graves motivos
(económicos, médicos, psicológicos, etc.) nunca justifica los graves
-ilícitos- medios de la anticoncepción.
5.- Tipos de métodos naturales
Todos tienen en común la continencia
periódica, es decir, la abstinencia de relaciones conyugales en
determinados días:
-Abstinencia en días
fértiles para retrasar un embarazo.
-Uso del matrimonio
precisamente en esos días si se desea favorecer el embarazo.
Los más utilizados son:
1) Billings:
se fija en las variaciones fácilmente detectables del moco cervical a lo largo
del ciclo.
2) Temperatura basal:
subida de la temperatura de la mujer a partir de la ovulación.
3) Sintotérmico:
combina el método de la temperatura con otro u otros procedimientos
diagnósticos de ovulación.
Algunos datos
(referidos a un estudio de 1992) sobre la eficacia de los distintos métodos
|
Metodos naturales
|
Tasa de fracasos
|
|
Billings
|
2’2%
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|
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Temperatura
|
0’3-1%
|
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Sintotérmico
|
1’2%
|
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Metodos artificiales
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Tasa de fracasos
|
|
Píldora
|
0’1-2%
|
|
|
Diu (es abortivo)
|
2-3%
|
|
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Preservativo
|
2’5-4%
|
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Diafragma
|
3-5%
|
|
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Coitus interruptus
|
35%
|
|
Otros datos de
interés sobre anticonceptivos
* La inmensa mayoría de las píldoras
presentadas hoy como contraceptivos, impiden la
concepción, pero muchas de ellas -para evitar "fallos"- también impiden
la anidación del óvulo ya fecundado. Es decir, son abortivas.
* Los anticonceptivos hormonales
(píldoras) presentan gran cantidad de efectos secundarios en la salud de la
mujer.
* Los efectos psicológicos del uso
habitual de anticonceptivos empiezan a ser evaluados y no resultan halagüeños:
pérdida de autoestima y de seguridad en los cónyuges -principalmente en la
mujer- al adquirir conciencia de ser un simple objeto de placer y no alguien
querido en sí mismo.
* Estadísticamente, el recurso a la
contracepción se ha mostrado como el método más eficaz para desestabilizar el
matrimonio: la unidad y la indisolubilidad matrimonial se han hecho mucho más
frágiles por la difusión de los métodos anticonceptivos que por las leyes de
divorcio permisivas que se dan en tantos países.
Fernando del
Castillo del Castillo